En el mundo hay unos 300 millones de ortodoxos cristianos, la mayoría de ellos viven en Europa, principalmente en Rusia, -que es la que reúne el mayor número de fieles-, Constantinopla, Serbia, Rumanía, Bulgaria, Georgia, Chipre, Grecia, Albania, Polonia, Chequia y Eslovaquia. Hay fieles también en Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Los ortodoxos se escindieron de la Iglesia Católica en 1054, manteniendo desde entonces unas relaciones de enemistad con el Vaticano. Diferencias culturales, teológicas y doctrinarias, como la Santísima Trinidad o el purgatorio, pero sobre todo de poder llevaron al cisma del cristianismo.
La iglesia católica reconoce una autoridad máxima, mientras que la ortodoxa se divide en patriarcados que mantienen la igualdad entre todos ellos. A pesar de eso, a lo largo de los siglos solo han reconocido un líder religioso ecuménico, el patriarca de Constantinopla, pero la influencia de la iglesia rusa, tanto en el número de fieles, más de 120 de los 300 millones de creyentes ortodoxos, como sobre los líderes de los países del Este, ha llevado un enfrentamiento entre ambos patriarcados. Desde la época de los emperadores y hasta la posterior desaparición de la URSS, la relación del patriarca ruso con el poder ha fortalecido su posición dentro del cristianismo ortodoxo.
En 2001, Juan Pablo II, protagonizó una polémica visita a Grecia, numerosos religiosos rezaron durante noches para que se prohibiera la visita. Hubo manifestaciones en las calles y las campanas de los monasterios tocaron a difuntos. El pontífice pidió perdón por los actos contra los ortodoxos, especialmente durante las cruzadas. Quince años más tarde, durante la visita de Francisco, no hubo ningún acto de protesta.
La llegada al Vaticano de Francisco ha tensado todavía más las relaciones entre Kiril, patriarca de Rusia y Bartolomé, de Constantinopla. Este acudió a la toma de posesión de Franscisco en el Vaticano, y ambos se volvieron a reunir en 3 ocasiones: Estambul en 2014, rememorando el encuentro histórico de 1965 entre Pablo VI y Atenágoras; en Jerusalén y en la isla griega de Lesbos. Posteriormente en 2016, Francisco se reunió con Kiril en el aeropuerto de La Habana. «Iré donde quieras. Llámame y yo voy», le dijo el pontífice al patriarca ruso. Cuba fue el lugar neutral para ese encuentro.
En esta situación, los ortodoxos habían decidido celebrar un sínodo unitario en la isla griega de Creta. Desde hace 1.200 años no se había celebrado ninguno. Hace 55 años preparaban el acto, pero a última hora, Rusia, Bulgaria, Antioquía y Georgia, han boicoteado la reunión, por desacuerdo con la presidencia de las reuniones a las que han asistido 350 religiosos. Los temas a tratar son la misión de la ortodoxia en el mundo actual; la diáspora ortodoxa; la autonomía eclesial; la importancia del ayuno; las relaciones con el resto de la cristiandad; y el sacramento del matrimonio. Los preparativos del concilio se remontan a una conferencia panortodoxa celebrada en Rodas en 1961, aunque el pasado mes de enero mantuvieron en Suiza un animado debate y se aprobaron por unanimidad 5 documentos básicos que serán debatidos en este sín